jueves, 14 de marzo de 2013

666 El Sello Bestialmente Humano III



666
El Sello Bestialmente Humano III

Mirando yo por entre la celosía de la ventana de mi casa, vi una joven tatuarse en su mano derecha las iniciales del nombre completo de su novio. Aunque tatuarse le resultaba doloroso, ella consideraba ese sacrificio como una expresión de amor que el chico valoraría por el resto de su vida. Entre letras góticas y como azules matizados en oscuros violetas quedó marcada de por vida. Pero hay marcas con mayores trascendencias y quizá con mayores implicaciones para la vida, no solo presente, también en la eternalidad. Por mencionar una: la marca de la bestia, el 666.

Juan de Patmos escribió el Apocalipsis, entre otras cosas, para advertir en contra de la idolatría y participación directa de un sistema social, cultural, militar y políticamente corrompido, con un agravante: anti-cristo. Así que, cuando su pluma llegó al capítulo 13, el episodio de las dos bestias, específicamente a la escena en que la bestia pequeña infunde aliento sobre la imagen de la bestia más poderosa, describe el control que ésta tiene sobre pueblos sin discriminar rangos sociales, como también el control sobre el mercado, por ende sobre las finanzas, con sólo poner una marca en la frente o mano derecha: el 666.

Nos debemos preguntar, ¿cómo lo entendieron los primeros lectores del Apocalipsis?
Como ya lo vimos en el capítulo anterior, el 666 identifica una persona con un sistema socio-cultural-político corrompido: Nerón Qaiser, emperador de Roma (siglo I d.C).

La marca bestial 666 también se entendió como la imposición de un imperio y su rey a todos los pueblos, a todas las creencias, a las tierras dispuestas a su alcance. Era la marca o morir.

El 666 no sólo indicaba un personaje y una imposición, también era una marca idólatra. Dejarse marcar era una manera de rendir adoración a ese emperador, quien se imponía como dios entre los pueblos avasallados.

Además, era una marca incluyente en el mercado, las finanzas. El control del imperio romano tenía un alcance territorial extraordinariamente amplio, así que prosperar implicaba participar inevitablemente del sistema imperial romano del primer siglo.

Finalmente, la marca señalaba un destino: la perdición eterna. En el capítulo 14.9-11, Juan de Patmos adviertió: los sellados por la bestia, quienes le adoran directamente o a través de la imagen, beberán del vino de la ira de Dios, sentenciados al fuego eterno. Recuerda que cuando algo o alguien era marcado con un número o nombre, como en el caso del 666 (más que número es un nombre “codificado” de un ser humano), indicaba así que su vida adoraba y pertenecía a la bestia. Pero vaya sorpresa, el destino final de la bestia será compartido con quienes portan su sello: la condenación eterna.

Consideremos:
1.   Los cristianos del siglo XXI estamos tan acomodados a los sistemas políticos, sociales, culturales, militares, económicos de nuestro tiempo que ni caemos en la cuenta de cómo participamos complacidos de las “bestias” posmodernas y sus respectivos sellos.
2.   Mientras Juan de Patmos propuso un estilo de vida y fe extremadamente fiel, jamás permitió que ningún sistema pecaminosos se impusiera en su ética, en su vivencia, en su adoración; les exhortaba a primero morir en lugar de negociar los valores cristianos. El evangelicalismo comercial, farandulero y televisivo de nuestra actualidad, sorprendentemente hacen lo contrario: ofrecen un camino de fe sin santidad o en su defecto sin gracia. Reconocemos las excepciones. 
3.   Para Juan de Patmos sólo hay un Dios, sólo él es digno de adoración. Litúrgicamente no niego que los cristianos sean “monoteístas”, es decir, rinden culto a un solo dios; pero en la práctica, innumerables son los cristianos politeístas (rinden culto a varios dioses). Las imágenes de las bestias del siglo XXI son levantadas como rascacielos y los hombres se postran sin el mínimo esfuerzo de discernimiento. Bestias, entiéndase como esos sistemas culturales, sociales, políticos, militares, financieros en disonancia con los valores del Reino de Dios ante los cuales se postra éste mundo globalizado, lamentablemente parte de la Iglesia también.

Cierro con "brochazo de oro": Juan con este magistral relato nos invita a ser fieles a Jesucristo así nos cueste morir, al final él nos dará la corona de la vida.

lunes, 18 de febrero de 2013

666 El Sello Bestialmente Humano II

666 
El Sello Bestialmente Humano II

Mirando yo por entre la celosía de la ventana de mi casa, vi una comunidad religiosa, orgullosa de marcar sus feligreses con el número 666 (Creciendo En Gracia)[1], engañados portan este tatuaje afirmando con esa marca, cual delirante esquizofrénico, su pertenencia a Dios. También sabemos de unos cuantos “feligreses” de algunos géneros musicales y sectas satánicas marcando sus cuerpos con el 666, queriendo comunicar con eso cuán faltos de atención viven o cuán comprometidos están con su causa musical o satánica.

No sé si para vergüenza o infortunio, quienes así se tatúan están extraordinariamente engañados, porque el 666 no es el número con el que Dios sella sus hijos, como tampoco es el número de Satán como suponen otros. Para comprenderlo mejor, necesitamos entender “sello” apocalípticamente.

San Juan de Patmos usó en el Apocalipsis bíblico dos palabras que, en nuestro español se entienden como sello, marca. La primera palabra es sfragízo, usada únicamente para referirse a los sellados en la frente como signo de propiedad y protección de Dios y por Dios, como aparece en el capítulo 7.

En la Palestina antigua era común tallar piedras con un símbolo, letra, signo, a fin de marcar, sellar objetos, cartas, animales, gente a título personal. La carta, el animal, la cosa, la persona selladas, pertenecían al dueño del sello.

Tenga en cuenta también que, el sello a los hijos de Dios en la frente es una imagen tomada por Juan de Patmos del profeta Ezequiel (Ez. 9.4-6). En el vs. 4, Ezequiel en una experiencia divina vio y oyó a Dios, quien mandó poner una cruz en la frente de los hombres piadosos de Jerusalén, de manera que al pasar el ángel de la muerte, cuando viera a alguno portando la señal, no le haría daño. La palabra señal en hebreo de Ezequiel 9.4 eswühitwîºtä Täw”, que literalmente al español traduce “marca la frente con la letra tau”, letra que en el antiguo hebreo era en forma de cruz.[2] Así, Juan de Patmos puso en evidencia lo siguiente, la idea de sellar personas es de Dios, quien lo hizo, no con el número 666, sino con una señal: la cruz;[3] a fin de diferenciar sus protegidos, su pertenencia de quienes no lo son.

En Apocalipsis 13.16 Juan usó otra palabra para hablar de sello, de marca: cháragma, que traduce marca, imagen. Además de Apocalipsis, sólo Hechos 17.29 usa ésta palabra y lo hace en un sentido idólatra. Nunca en Apocalipsis se usa cháragma para los siervos de Dios, sólo se usa como el sello del emperador o para referirse a la imagen del poder económico, militar, social y cultural del imperio romano impregnado en las gentes sin Cristo. La verdad es que no hay evidencia histórica de que las gentes fueron selladas con el 666 en el primer o segundo siglo, simplemente es una figura usada por Juan de Patmos para referirse a quienes pertenecen y respaldan el imperio romano, anticristo e idólatra además del primer siglo.

El 666 no eran números como los nuestros, los números en el griego koiné eran letras con valor numérico, como los números romanos para nosotros hoy. Las letras griegas del 666 son: JXS (J= 600, X= 60, S= 6).[4] Éste número encerraba un enigma que sus primeros lectores comprendían perfectamente. JXS, o si lo prefiere 666, fue un método para cifrar un nombre en letras con valores numéricos: Nerón Qaisar[5] (emperador romano, anticristo, en el primer siglo). El enigma estaba en las letras hebreas de éste nombre. Valga la pena aclarar que en el antiguo hebreo no se usaban vocales, la gente entendía y sabía pronunciar los símbolos consonantes de su idioma. El nombre de Nerón se escribía así: NRWN QSR (obviamente estoy transliterando las letras hebreas al español). Esas letras hebreas tenían un valor numérico:

N = 50
R = 200
W = 6
N = 50

Q = 100
S = 60
R = 200

La suma del equivalente numérico de esas letras da 666.[6]

Portar el 666 no señala que pertenece a Dios, como lo afirman los amigos de Creciendo En Gracia, tampoco es un número que tenga poder satánico en sí mismo. Sí es un número vinculado de alguna manera a Satán, porque encierra el enigma de un hombre que contó con su respaldo, pero ese número no tiene relación directa con el diablo. Tatuarse el 666 expresó realmente aprobación, participación y promulgación de un sistema socio-político pagano, pervertido, idólatra y anticristo del primer siglo, y quizá con eso lo invocó en su propia realidad.

666: Aquí hay sabiduría: El que tiene entendimiento calcule el número de la bestia, porque es número de un hombre; y su número es 666 (Ap. 13.18).

Continuará…





[1] http://www.youtube.com/watch?v=poiqPoQmMvQ
[2]La Nueva Biblia de Jerusalén es más literal que otras en español cuando traduce Ezequiel 9.4: y Yahvé le dijo: -recorre la ciudad, Jerusalén, y marca una cruz en la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se comenten en ella-.
[3]  Horst Balzger & Hard Schneider. Diccionario Exegético Del NT. Tomo II.1998, p.1625
[4] JXS es una transliteración al español de las letras griegas ji, xi, digama.
S, era una letra arcaica del griego koiné, identificada como “digama”, que se desvaneció del alfabeto con la evolución del idioma.
Ver también: Juan Stam. ¡Sorpresa! ¡El 666 no es 666! [en línea] http://juanstam.com/dnn/Blogs/tabid/110/EntryId/111/Default.aspx
[5]Traduce: César Nerón.
[6] Tarsicio Gaitán. P.ThM. Curso de Maestría Teológica: Apocalipsis y Textos Selectos, dictado en la UPB Medellín, Colombia. 2012
Ver también: Hank Hanegraaff. El Código Del Apocalipsis. 2008, p.140-144

martes, 12 de febrero de 2013

666 El Sello Bestialmente Humano


666
el sello bestialmente humano

Mirando yo por entre la celosía de la ventana de mi casa, vi un abanico de reacciones frente al maravilloso libro bíblico Apocalipsis. A decir verdad, no es el único libro apocalíptico que existe. Antonio Piñero,[1] reconocido catedrático de la universidad Complutense en Madrid, recogió en un libro 45 textos apocalípticos, entre ellos el Apocalipsis bíblico. 

Los apocalipsis pertenecen a un género literario con un auge sin precedente entre los años 200 a.C y 100 d.C,[2] cuya intensión fue revelar algún misterio a un grupo restringido y, entre otras cosas, desempaca una serie de visiones y audiciones en un lenguaje metafóricamente enmarañado en el que Dios protagoniza, señorea y triunfa la historia a pesar de los pesares, llevando a éxito Sus planes soberanos.[3] La apocalíptica “era una literatura de la imaginación, del don de la fantasía y a menudo de una buena dosis de humor.”[4]

El Apocalipsis bíblico es un libro escrito para ser leído, escuchado y entendido en comunidad,[5] como diría el Dr. Juan Stam: «su sitio original no era el escritorio del experto sino la congregación en su lectura comunitaria.»[6] Leerlo presupone una lectura cristiana al Antiguo Testamento (AT), ya que el Apocalipsis es totalmente fundamentado en él. No es un libro desmembrado del resto de la Biblia, está en perfecta unión y coherencia con el resto de ella. “Pa’ la muestra de un botón”: Apocalipsis está organizado por 404 versículos de los cuales 278 contienen referencias al AT.[7] Esto nos pone en perspectiva sana: para comprender al Apocalipsis bíblico es inminente leer toda la Biblia. Además, para comprender cualquier porción del Apocalipsis hay que leer todo el libro: es “el texto, todo el texto y sólo el texto”.[8]

Algunos movimientos cristianos han usado el Apocalipsis bíblico para infundir temores en las gentes, lo cual es pervertido ;pues Juan de Patmos escribió el Apocalipsis para que la Iglesia de Asia menor no temiera.[9] Otros manipulan el texto sagrado a fin de presumir de un conocimiento respecto a los eventos futuros, especialmente el fin del mundo. Bueno, mencionemos también quienes leen la Biblia para desacreditarla y atentar con argumentos contra la esperanza cristiana. Sin embargo, valoramos profundamente quienes en oración y dependencia del Espíritu Santo escudriñan las Escrituras para encontrar en ella la voz de Dios y luego comunicarla a la Iglesia, al mundo.

Sea esta la oportunidad para recoger sólo un texto apocalíptico mal usado, mal interpretado en muchas oportunidades por muchas personas. Al texto que me refiero es Apocalipsis 13.18, que dice así: «Aquí hay sabiduría. El que tenga entendimiento, que calcule el número de la bestia, pues es el número de un ser humano, y es el seiscientos sesenta y seis.»
Francamente, el capítulo 13 de Apocalipsis tiene mucha “tela pa’ cortar” que aquí no “cortaremos”, infortunadamente. A fin de comprender lo que viene, le sugiero leer Apocalipsis 13 (haga un alto, tome un café y léalo), para que tenga en mente un mejor panorama; de todos modos aquí ofrezco algo a “vuelo de pájaro”:

Después de una visión apocalíptica de la persecución de Satán personificado en un dragón a los santos en Jesucristo (cap.12), fracasado en su intensión, fue a parar a la orilla de un mar de donde irrumpe una bestia majestuosa, poderosa, blasfema, triunfante y aparentemente invencible (13.1-7). A esta bestia, el dragón cede su autoridad (13.2) y muchos habitantes de la tierra la adoran (13.8). El dragón es Satán (12.9), la bestia es el poder político del imperio en el primer siglo: Roma. Luego, de la tierra irrumpió otra bestia con poderes extraordinarios, con capacidad de engaño y autoritarismo para obligar multitudes a adorar la primer bestia; es decir, un «pseudoprofeta[10] quien trata de persuadir a todo el mundo a que dé culto y se postre ante Satán y ante su agente terreno, el primer monstruo procedente del mar. […] (13,12). Y cumple este propósito de dos maneras: haciendo milagros y reproduciendo una imagen cultual del primer monstruo; y marcando a fuego a sus seguidores en la frente o en la mano derecha...»[11]

Con ésta última: la marca en la frente o en la mano, impuso y manipuló  el culto, la política, la cultura y el comercio. La marca es número de un ser humano; no es un número demoníaco ni  satánico. Ese número humano es el 666.


Continuará…





[1] Antonio Piñero. Los Apocalipsis. EDAF. 2007
[2] Robert H. Mounce. Comentario al Libro de Apocalipsis. 2007, p.35
[3] Piñero, p. 14-19
Carlos Villanueva. Características De La Literatura Apocalíptica. REVISTA BÍBLICA. Año 54 – 1992 Págs. 193-217
Gonzalo Aranda. El Libro Sagrado En La Literatura Apocalíptica. (Spanish). (2003). Scripta Theologica, 35(2), 319-353, p. 322.
[4] Juan Stam. Apocalipsis. Tomo I. 1999, p.19
[5] Apocalipsis 1.1-3
[6] Ibid, p.17
[7] Swete, H. B., The Apocalypse of St. John, Londres: Macmillan, 1917. p. cxl.
[8] Stam, p.22
[9] Ap. 1.17; 2.10
[10] La acción de la anterior (Bestia del mar occidental, poder de Roma) culmina con esta Bestia de la tierra (religión de oriente), que aparece después como Pseudo-profeta (16,13; 19,20; 20,10), figura central del anti-apocalipsis.
Xavier Pikaza. Apocalipsis. Verbo Divino, p.154
[11] Elisabeth Schüssler Fiorenza. Apocalipsis. Visión De Un Mundo Justo. 2003, p.121

sábado, 2 de febrero de 2013

Confieso Que Tengo Amante


Confieso Que Tengo Amante

Mirando yo por entre la celosía de la ventana de mi casa me vi a mí mismo, me vi caminando campante con cuello erguido por las aceras casi medievales de mi pueblo, mis pasos casi libres rumbo al sur donde las estrellas son fugaces igual que los nuevos amores; pero mi mano atada a otra como si la hubiesen soldado con acero. Mientras, la gente mira asombrada, comenta entre susurros de pasillos y vecindarios, silencian cuando paso frente a sus narices y les parece inconcebible que yo tenga una amante.
En vista de que me delaté haciendo pública mi aventura, pues qué más da: me confieso.

Si hay algo a valorar del catolicismo romano (no perteneciendo yo al catolicismo) es su práctica religiosa en la que los feligreses se confiesan; eso sí, disintiendo de las  penitencias. No entremos en detalles de lo que las gentes hacen con esa oportunidad; sencillamente recojamos aquí y entre Ud. y yo algo bueno de confesarse. Entre otras gracias, una confesión genuina se da a paso seguido a un auto-examen franco de conciencia y a una determinación irreversible de no fallar más. Vacía verbalmente todo lo que le joroba el alma mientras es escuchado con atención, luego en el confesatorio oye a un hombre decir que sus pecados son perdonados en el nombre de Dios. Uno sale como con alas nuevas. Como con vida fresca y conciencia libre. Los cristianos protestantes también nos confesamos,[1] no siempre ante un ministro, a veces frente a un amigo de la fe quien en el nombre de Dios nos guía en oración para ser perdonados, ¡y funciona! ¡Fascinante!

Esta vez me confieso ante Ud. solamente para contar que tengo una amante. Y antes de que Ud. se apresure a absolverme o a guiarme a una oración para ser perdonado por mis pecados, pues déjame entrar en detalles. Hace diez años zarpé en esta aventura encontrando en una mujer  amistad única, complicidad celeste, pasión viva, perdón sorprendente, afecto puro y respeto genuino. Y entre otras más, amante. No una de aquellas para amores furtivos ¡por favor! sino una de aquellas en las que puedo agradecer la bondad de Dios, pues ella a mi lado evidencia que el Señor me muestra su favor.[2]

En dulce arrebato te cuento que no es fácil tener amante por una década, que por momentos la idea de salir corriendo se hace intermitente. Pero no, me resisto a proceder así, he decido amarla. Lo que pasa querid@ confesor (a), es que para mí el “amar significa quedarse con lo elegido”[3] y el amor con el pasar de los años no mengua, no se extingue, no muere; madura, se fortalece y triunfa. Ella no es  una amante improvisada, no fue una ocurrencia irresponsable de mi juventud ni una fuga de atracción fatal; fue un don de la Vida. Para mí es tan legal amarla como respirar, el cielo jamás me lo prohíbe y para sorpresa colectiva cuento con el apoyo de Dios.

Absuélvame por favor, no me culpe por tener una amante durante una década, y quizá la tenga por décadas más. Mi confesión no es por lo que me joroba el alma, es por la bendición de compartir mis dichas, aunque pocas, significativas y escasas: esa amante es mi esposa.




[1] Santiago 5.16
[2] Proverbios 18.22
[3] J. Douma. Los Diez Mandamientos.2000, p. 33

domingo, 20 de enero de 2013

Carta Abierta A Un Pastor Confundido III


Apreciado pastor, volviéndome asomar por la ventana de mi casa no encontré una “visión” que pudiese yo recoger para plasmarla y compartirla contigo humildemente. A mi sorpresa me topé con una audición, escuché como el “estruendo de muchas aguas”; no como las que oyó Juan de Patmos, lo que oí eran muchas voces disonantes, des-coordinadas, desafinadas, desmedidas, espantosas, confusas y auditivamente apestosas. Me asomé y encontré tantas gentes hablando que era como el “estruendo de muchas aguas”. Traté de filtrar lo que llegaba a mis oídos, específicamente las voces teológicas. En realidad algunas son tan complejas de digerir porque fueron elaboradas exclusivamente para el campo académico (lo cual es legítimo). Otras diseñadas para quienes buscan un “dios a la carta”. Otras voces teológicas están parcializadas en comunidades femeninas o en negritudes o a los pobres (vale la pena atender). Otras voces teológicas son un cáncer a la teología: la socavan, la desvirtúan, la desacreditan, la ridiculizan, la burlan; qué sé yo. Otras voces teológicas grotescamente se dedicaron a debatirse entre ellas relegando a Dios y a la Iglesia. A veces ellos dicen tantas cosas, escriben tantas otras que uno no ve el provecho de todos esos esfuerzos, y eso sin mencionar las confusiones que a veces traen en lugar de arrojar luz a nuestros entendimientos. Eran tantas voces querido pastor, “como el estruendo de muchas aguas”.

Apreciado pastor, hay muchas teologías de las cuales no puedo negar que escasean de provecho alguno. Ud. sabe muy bien que la verdad revelada de Dios es, en muchas ocasiones, mal leída, mal interpretada, mal aplicada, mal enseñada, entre otros males. Sí, con mucha más tenacidad en estos postreros tiempos y, responsablemente alcanzo a intuir la tendencia a empeorar. Pero eso no debe desalentarnos, por el contrario, debe sacudirnos un poco y encontrar aquella teología bella, limpia, sana, verdadera, proveniente de la iluminación del Espíritu Santo a fin de abrirle canales hasta la Iglesia, hasta el mundo, y que beban de allí con tranquilidad, seguridad y libertad hasta saciar su hambre y sed del conocimiento de Dios.

Beber del saber que hombres y mujeres (teólog@s) de oración y Palabra ofrecen al mundo desde diferentes instrumentos de comunicación, enriquece a quienes humildemente oyen con criterio a fin de valorar lo que Dios hace en el mundo y en la Iglesia a través de este ministerio. No escuchamos ni leemos a los teólogos en busca de “novedades” pié de corrientes neo-evangélicas; porque la tarea del teólogo “no es afirmar lo insólito, ni lo que asombra, ni lo que desconcierta, ni lo que de ningún modo se espera oír. Trata más bien de recordar articuladamente lo que aquí y ahora significa la verdad evangélica, y cuál ha de ser el comportamiento cristiano”.[1]

Amigo pastor, no es saludable en el ejercicio del ministerio y para la iglesia en la que sirve, sólo beber de las fuentes que Ud. de alguna manera “canonizó”, y tratar de demostrar sus presuposiciones en quienes pueden compartir posiciones doctrinales. Es decir, darle exclusividad en las lecturas a uno o dos escritores cerrando las puertas a los demás; muchas veces no siendo éstos los mejores puntos de referencia. Como también es peligroso darle a tus reflexiones bíblicas primacía, atribuyéndose a sí mismo la mejor comprensión de las verdades bíblicas desconociendo que, quizá, alguien ha tenido la gracia de comprender mejor que tú. Bien dijo una vez Hans Ur Von Balthasar: “Uno puede pensar mucho. Pero no todo pensar es fecundo. Uno puede deducir muchas cosas. Pero no toda deducción se deja encarnar en la vida cristiana”.[2] Y reconocer esta realidad es una actitud genuinamente cristiana.

Apreciado pastor, estas cartas han sido escritas para animarle a mirar el ministerio teológico con otro punto de vista a fin de incentivar su apetito por indagar un poco más, abrirse un poco más a las posibilidades cristianas que Dios dispone para nuestro provecho.

Un abrazo,
Ed. Ramírez Suaza




[1] José Morales. LA FIGURA DEL TEÓLOGO A LO LARGO DE LA HISTORIA. (Spanish). (2001). Scripta Theologica, 33(3), 665-696.
[2] Hans Ur Von Balthasar. TEOLOGÍA Y SANTIDAD. Ensayos teológicos. Verbum Caro, vol. I, Guadarrama, Madrid 1964, pp 235-268

jueves, 10 de enero de 2013

Carta Abierta A Un Pastor Confundido II


Carta Abierta A Un Pastor Confundido II

Apreciado pastor, mirando yo por entre la celosía de la ventana de mi casa vi una confusión queriendo anidar en algunos ministros respecto a la teología, quizá por eso el rechazo frontal a esta gracia, como también el esquivo a quienes tienen un llamado divino a la vocación teológica. Con humildad y cariño sinceros me atreví aportar con letras un granito de arena a ofrecer una perspectiva sana que ofrezca elementos de mejor comprensión. En la primera carta con toda sencillez de corazón propuse el inicio de algunas razones por las cuales no debe rechazarse la teología, como tampoco menospreciar los teólogos. De manera básica dejé sobre el tintero a penas lo que podemos entender como teología y lo sublime que ésta a de resultar para el ser humano. En esta segunda carta te ofrezco un poco más de luz:

Amigo mío, la teología no es una amenaza a la vida ministerial ni a la iglesia ni al crecimiento personal del creyente; todo lo contrario, provee al creyente los deleites más sublimes, los provechos más gloriosos, la seguridad más firme, la santidad más diáfana y el avivamiento más contundente. Todas estas dichas emanan, indiscutiblemente, de un acercamiento riguroso y en oración a las Escrituras.

Ah, de hecho, la Biblia que Ud. lee, ¿quién cree que la tradujo al español? Eso es, ¡un teólogo! Por lo regular los traductores bíblicos son teólogos. Si no fuera por ellos ¡cuán difícil nos sería predicar el evangelio! Los diccionarios bíblicos, teológicos, los de griego y hebreo que Ud. consulta, los comentarios bíblicos de dónde confirma sus intuiciones interpretativas o aplicativas, los textos que arrojan luz sobre los aspectos culturales de la época, entre otras extraordinarias herramientas, todas ellas son obras de teólogos. Es que la labor teológica no consiste en encaramar la verdad en lo inalcanzable, sino en enriquecer la Iglesia de Jesucristo con el conocimiento de Dios. Bien dijo Tomás de Aquino, “La teología está enseñada por Dios, enseña acerca de Dios, y nos lleva a Dios”.[1] No implica de ninguna manera que los teólogos adquieran una revelación oculta a los demás creyentes, sino porque se han dedicado a responder con todas las fuerzas y el amor de su mente a lo que Dios ha dicho y dice en la Biblia, además les es menester socializar con la Iglesia sus reflexiones; porque la teología “quiere escuchar y repetir lo que Dios ha dicho”.[2] Nunca olvide que, la teología procede de la Escritura y retorna a ella,[3] en provecho de los santos.

La teología es un deleite sagrado, porque su meta es conocer a Dios. Éste conocimiento no debe volverse un motivo de orgullo en quien lo recibe, por el contrario, lo humilla y hace que su cuerpo y mente se prosterne ante Jesucristo exaltado. El conocimiento de Dios no es un logro humano, amado pastor, es una gracia recibida: sólo puede haber conocimiento de Dios en la medida que Dios mismo se dé a conocer. “Solo por Dios mismo podemos conocer a Dios.”[4] “La verdadera teología… es siempre un don de Dios por su Palabra y su Espíritu; se trata de algo dinámico: la verdad de Dios, comunicada por su Revelación, que nos alcanza, nos penetra y nos renueva.”[5] Esta verdad nos obliga a despojarnos de todo tipo de pretensiones y orgullos.

Ya que teología es aventurarse al conocimiento de Dios, no queda mejor opción que deleitarse en ella, maravillarse, sorprenderse, sumergirse, envolverse, permitiendo a su vez que ella haga parte de la cristianización del cristiano, del canto de los santos, de las alabanzas de los justos, de las convicciones del alma y de la esencia de la Iglesia.

continuará...

en Cristo,
Ed. Ramírez Suaza





[1] Tomás de Aquino en Pablo Hoff. Teología Evangélica. 2005, p.12
[2] Karl Barth. Introducción a la Teología Evangélica. 2006, p.42
[3] Ibid, p.52
[4] Theo Donner. Introducción a la Teología, p. 2 [en línea]
http://www.iglesiareformada.com/biblioteca.html
[5] José Grau. Introducción a la Teología. 1973, p.16

miércoles, 2 de enero de 2013

Carta Abierta A Un Pastor Confundido


Carta Abierta A Un Pastor Confundido

Apreciado pastor, mirando yo por entre la celosía de la ventana de mi casa te vi, alcancé a intuir las buenas intenciones que alberga tu corazón en pastorear la comunidad por los valores del evangelio de Jesucristo en el poder del Espíritu Santo. A pesar de esas buenas intenciones te vi confundido; y lo supe en el instante de tus radicales rechazos a la teología, de lo evidente que son tus esquivos a los teólogos.

Amigo mío, bien sabe Ud. que el ministerio no es un resultado de iniciativas humanas compadecidas de la comunidad de santos en Cristo; es una constitución del mismo Jesús resucitado a fin de perfeccionar a los santos para el ministerio, como la edificación de la Iglesia (Efesios 4.11-12). Además, cuidamos una Iglesia no nuestra; de Dios. Tenemos un ministerio ideado por Dios para provecho de la Iglesia; no personal. Lanzarnos sin conocimiento de Dios, entre otras, a esta sublime labor no es saludable, recordemos lo que dice las Escrituras: no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo (1 Timoteo 3:6).[1]

Observo algunas razones por las cuales carecemos de preparación teológica, entre ellas: lo inaccesible que es la preparación seria para el ministerio en muchos casos, las limitaciones económicas dejan al ministro sin más opción, a veces la negligencia o el temor a enfrentarse con la disciplina del saber, el rechazo desde diversos escenarios evangélicos a la capacitación teológica porque, según ellos, el Espíritu Santo les revela todas las verdades de Dios de manera sobrenatural, mística y sin el mínimo esfuerzo de una disciplina al escudriñar las Escrituras. No niego ni rechazo lo que el Espíritu de Dios hace en el ser de quien Escudriña la Biblia en oración, y de lo mucho que puede aportar esa persona al cuerpo de Cristo. Como tampoco podemos considerar la obra del Espíritu Santo en una mente perezosa, negligente frente a las Escrituras. Dentro de ese grupo de quienes valoran solo la “revelación espiritual”, se dan el gusto de menospreciar lo que Dios ha permitido comprender a hombres y mujeres fieles al estudio serio, responsable y cristiano a las Escrituras. “Nada es más absurdo en religión que el rechazo de una autoridad que contiene la verdad del Dios vivo; y nada podría ser más trágico que la sustitución de la voz de Dios por las voces de los hombres”.[2]

Querido pastor, a veces las distancias con la teología empiezan porque desconocemos lo que ella significa, lo que ella es, su contenido, su esencia, su composición, su motivación, su propósito, su punto de partida y llegada, entre otras. De manera humilde le ofrezco algunas aclaraciones:

¿Qué es teología?
Técnicamente el vocablo teología se deriva de dos palabras griegas: Theos (Dios) y logos (razón, orden, palabra); juntas señalan “El Estudio de Dios”. Haciendo la salvedad de lo imposible que es para el ser humano estudiar a Dios. En realidad estudiamos lo revelado de Dios en la Biblia. De manera básica y acertada te puedo decir que teología es el estudio de la Revelación de Dios contenida en la Biblia.

Amigo mío, de alguna manera Ud. es teólogo, eso sí, si estudia y encarna la Biblia. Todas las verdades eternas aprendidas y adheridas a sus convicciones extraídas de ese sagrado libro, son teología. Cada verdad de Dios que estremece su ser y luego comparte con otros, es teología. Mucha parte de sus discipulados y sermones con sustentación bíblica, son teología. Si Ud. se deleita en la Verdad revelada de Dios, Ud. es un teólogo.

Decía Spurgeon: “El estudio más excelente para ensanchar el alma es la ciencia de Cristo, y este crucificado, y el conocimiento de la deidad en la gloriosa Trinidad. Nada hay que desarrolle tanto el intelecto, que magnifique tanto el alma del hombre, como la investigación devota, sincera, y continua del gran tema de la Deidad.”[3]

Continuará…

En Cristo,
Ed. Ramírez Suaza





[1] La palabra neófito (gr. neo,futoj) significa “recién convertido”. Pablo procura evitar que los ministros del evangelio omitan el proceso de formación que los hace aptos para servir en la Iglesia.
[2] Bernard Ramm, The Pattern of Religious Authority, 1959, p.16
[3] Spurgeon en J.I. Packer. Hacia El Conocimiento de Dios. 1997, p.12

LA SOCIEDAD DE LOS CRUELES II

Está llegando la época en que la honorabilidad es la excepción y la traición es la norma. Mario Vargas Llosa Mirando yo por entre la celosía...