sábado, 2 de febrero de 2013

Confieso Que Tengo Amante


Confieso Que Tengo Amante

Mirando yo por entre la celosía de la ventana de mi casa me vi a mí mismo, me vi caminando campante con cuello erguido por las aceras casi medievales de mi pueblo, mis pasos casi libres rumbo al sur donde las estrellas son fugaces igual que los nuevos amores; pero mi mano atada a otra como si la hubiesen soldado con acero. Mientras, la gente mira asombrada, comenta entre susurros de pasillos y vecindarios, silencian cuando paso frente a sus narices y les parece inconcebible que yo tenga una amante.
En vista de que me delaté haciendo pública mi aventura, pues qué más da: me confieso.

Si hay algo a valorar del catolicismo romano (no perteneciendo yo al catolicismo) es su práctica religiosa en la que los feligreses se confiesan; eso sí, disintiendo de las  penitencias. No entremos en detalles de lo que las gentes hacen con esa oportunidad; sencillamente recojamos aquí y entre Ud. y yo algo bueno de confesarse. Entre otras gracias, una confesión genuina se da a paso seguido a un auto-examen franco de conciencia y a una determinación irreversible de no fallar más. Vacía verbalmente todo lo que le joroba el alma mientras es escuchado con atención, luego en el confesatorio oye a un hombre decir que sus pecados son perdonados en el nombre de Dios. Uno sale como con alas nuevas. Como con vida fresca y conciencia libre. Los cristianos protestantes también nos confesamos,[1] no siempre ante un ministro, a veces frente a un amigo de la fe quien en el nombre de Dios nos guía en oración para ser perdonados, ¡y funciona! ¡Fascinante!

Esta vez me confieso ante Ud. solamente para contar que tengo una amante. Y antes de que Ud. se apresure a absolverme o a guiarme a una oración para ser perdonado por mis pecados, pues déjame entrar en detalles. Hace diez años zarpé en esta aventura encontrando en una mujer  amistad única, complicidad celeste, pasión viva, perdón sorprendente, afecto puro y respeto genuino. Y entre otras más, amante. No una de aquellas para amores furtivos ¡por favor! sino una de aquellas en las que puedo agradecer la bondad de Dios, pues ella a mi lado evidencia que el Señor me muestra su favor.[2]

En dulce arrebato te cuento que no es fácil tener amante por una década, que por momentos la idea de salir corriendo se hace intermitente. Pero no, me resisto a proceder así, he decido amarla. Lo que pasa querid@ confesor (a), es que para mí el “amar significa quedarse con lo elegido”[3] y el amor con el pasar de los años no mengua, no se extingue, no muere; madura, se fortalece y triunfa. Ella no es  una amante improvisada, no fue una ocurrencia irresponsable de mi juventud ni una fuga de atracción fatal; fue un don de la Vida. Para mí es tan legal amarla como respirar, el cielo jamás me lo prohíbe y para sorpresa colectiva cuento con el apoyo de Dios.

Absuélvame por favor, no me culpe por tener una amante durante una década, y quizá la tenga por décadas más. Mi confesión no es por lo que me joroba el alma, es por la bendición de compartir mis dichas, aunque pocas, significativas y escasas: esa amante es mi esposa.




[1] Santiago 5.16
[2] Proverbios 18.22
[3] J. Douma. Los Diez Mandamientos.2000, p. 33

domingo, 20 de enero de 2013

Carta Abierta A Un Pastor Confundido III


Apreciado pastor, volviéndome asomar por la ventana de mi casa no encontré una “visión” que pudiese yo recoger para plasmarla y compartirla contigo humildemente. A mi sorpresa me topé con una audición, escuché como el “estruendo de muchas aguas”; no como las que oyó Juan de Patmos, lo que oí eran muchas voces disonantes, des-coordinadas, desafinadas, desmedidas, espantosas, confusas y auditivamente apestosas. Me asomé y encontré tantas gentes hablando que era como el “estruendo de muchas aguas”. Traté de filtrar lo que llegaba a mis oídos, específicamente las voces teológicas. En realidad algunas son tan complejas de digerir porque fueron elaboradas exclusivamente para el campo académico (lo cual es legítimo). Otras diseñadas para quienes buscan un “dios a la carta”. Otras voces teológicas están parcializadas en comunidades femeninas o en negritudes o a los pobres (vale la pena atender). Otras voces teológicas son un cáncer a la teología: la socavan, la desvirtúan, la desacreditan, la ridiculizan, la burlan; qué sé yo. Otras voces teológicas grotescamente se dedicaron a debatirse entre ellas relegando a Dios y a la Iglesia. A veces ellos dicen tantas cosas, escriben tantas otras que uno no ve el provecho de todos esos esfuerzos, y eso sin mencionar las confusiones que a veces traen en lugar de arrojar luz a nuestros entendimientos. Eran tantas voces querido pastor, “como el estruendo de muchas aguas”.

Apreciado pastor, hay muchas teologías de las cuales no puedo negar que escasean de provecho alguno. Ud. sabe muy bien que la verdad revelada de Dios es, en muchas ocasiones, mal leída, mal interpretada, mal aplicada, mal enseñada, entre otros males. Sí, con mucha más tenacidad en estos postreros tiempos y, responsablemente alcanzo a intuir la tendencia a empeorar. Pero eso no debe desalentarnos, por el contrario, debe sacudirnos un poco y encontrar aquella teología bella, limpia, sana, verdadera, proveniente de la iluminación del Espíritu Santo a fin de abrirle canales hasta la Iglesia, hasta el mundo, y que beban de allí con tranquilidad, seguridad y libertad hasta saciar su hambre y sed del conocimiento de Dios.

Beber del saber que hombres y mujeres (teólog@s) de oración y Palabra ofrecen al mundo desde diferentes instrumentos de comunicación, enriquece a quienes humildemente oyen con criterio a fin de valorar lo que Dios hace en el mundo y en la Iglesia a través de este ministerio. No escuchamos ni leemos a los teólogos en busca de “novedades” pié de corrientes neo-evangélicas; porque la tarea del teólogo “no es afirmar lo insólito, ni lo que asombra, ni lo que desconcierta, ni lo que de ningún modo se espera oír. Trata más bien de recordar articuladamente lo que aquí y ahora significa la verdad evangélica, y cuál ha de ser el comportamiento cristiano”.[1]

Amigo pastor, no es saludable en el ejercicio del ministerio y para la iglesia en la que sirve, sólo beber de las fuentes que Ud. de alguna manera “canonizó”, y tratar de demostrar sus presuposiciones en quienes pueden compartir posiciones doctrinales. Es decir, darle exclusividad en las lecturas a uno o dos escritores cerrando las puertas a los demás; muchas veces no siendo éstos los mejores puntos de referencia. Como también es peligroso darle a tus reflexiones bíblicas primacía, atribuyéndose a sí mismo la mejor comprensión de las verdades bíblicas desconociendo que, quizá, alguien ha tenido la gracia de comprender mejor que tú. Bien dijo una vez Hans Ur Von Balthasar: “Uno puede pensar mucho. Pero no todo pensar es fecundo. Uno puede deducir muchas cosas. Pero no toda deducción se deja encarnar en la vida cristiana”.[2] Y reconocer esta realidad es una actitud genuinamente cristiana.

Apreciado pastor, estas cartas han sido escritas para animarle a mirar el ministerio teológico con otro punto de vista a fin de incentivar su apetito por indagar un poco más, abrirse un poco más a las posibilidades cristianas que Dios dispone para nuestro provecho.

Un abrazo,
Ed. Ramírez Suaza




[1] José Morales. LA FIGURA DEL TEÓLOGO A LO LARGO DE LA HISTORIA. (Spanish). (2001). Scripta Theologica, 33(3), 665-696.
[2] Hans Ur Von Balthasar. TEOLOGÍA Y SANTIDAD. Ensayos teológicos. Verbum Caro, vol. I, Guadarrama, Madrid 1964, pp 235-268

jueves, 10 de enero de 2013

Carta Abierta A Un Pastor Confundido II


Carta Abierta A Un Pastor Confundido II

Apreciado pastor, mirando yo por entre la celosía de la ventana de mi casa vi una confusión queriendo anidar en algunos ministros respecto a la teología, quizá por eso el rechazo frontal a esta gracia, como también el esquivo a quienes tienen un llamado divino a la vocación teológica. Con humildad y cariño sinceros me atreví aportar con letras un granito de arena a ofrecer una perspectiva sana que ofrezca elementos de mejor comprensión. En la primera carta con toda sencillez de corazón propuse el inicio de algunas razones por las cuales no debe rechazarse la teología, como tampoco menospreciar los teólogos. De manera básica dejé sobre el tintero a penas lo que podemos entender como teología y lo sublime que ésta a de resultar para el ser humano. En esta segunda carta te ofrezco un poco más de luz:

Amigo mío, la teología no es una amenaza a la vida ministerial ni a la iglesia ni al crecimiento personal del creyente; todo lo contrario, provee al creyente los deleites más sublimes, los provechos más gloriosos, la seguridad más firme, la santidad más diáfana y el avivamiento más contundente. Todas estas dichas emanan, indiscutiblemente, de un acercamiento riguroso y en oración a las Escrituras.

Ah, de hecho, la Biblia que Ud. lee, ¿quién cree que la tradujo al español? Eso es, ¡un teólogo! Por lo regular los traductores bíblicos son teólogos. Si no fuera por ellos ¡cuán difícil nos sería predicar el evangelio! Los diccionarios bíblicos, teológicos, los de griego y hebreo que Ud. consulta, los comentarios bíblicos de dónde confirma sus intuiciones interpretativas o aplicativas, los textos que arrojan luz sobre los aspectos culturales de la época, entre otras extraordinarias herramientas, todas ellas son obras de teólogos. Es que la labor teológica no consiste en encaramar la verdad en lo inalcanzable, sino en enriquecer la Iglesia de Jesucristo con el conocimiento de Dios. Bien dijo Tomás de Aquino, “La teología está enseñada por Dios, enseña acerca de Dios, y nos lleva a Dios”.[1] No implica de ninguna manera que los teólogos adquieran una revelación oculta a los demás creyentes, sino porque se han dedicado a responder con todas las fuerzas y el amor de su mente a lo que Dios ha dicho y dice en la Biblia, además les es menester socializar con la Iglesia sus reflexiones; porque la teología “quiere escuchar y repetir lo que Dios ha dicho”.[2] Nunca olvide que, la teología procede de la Escritura y retorna a ella,[3] en provecho de los santos.

La teología es un deleite sagrado, porque su meta es conocer a Dios. Éste conocimiento no debe volverse un motivo de orgullo en quien lo recibe, por el contrario, lo humilla y hace que su cuerpo y mente se prosterne ante Jesucristo exaltado. El conocimiento de Dios no es un logro humano, amado pastor, es una gracia recibida: sólo puede haber conocimiento de Dios en la medida que Dios mismo se dé a conocer. “Solo por Dios mismo podemos conocer a Dios.”[4] “La verdadera teología… es siempre un don de Dios por su Palabra y su Espíritu; se trata de algo dinámico: la verdad de Dios, comunicada por su Revelación, que nos alcanza, nos penetra y nos renueva.”[5] Esta verdad nos obliga a despojarnos de todo tipo de pretensiones y orgullos.

Ya que teología es aventurarse al conocimiento de Dios, no queda mejor opción que deleitarse en ella, maravillarse, sorprenderse, sumergirse, envolverse, permitiendo a su vez que ella haga parte de la cristianización del cristiano, del canto de los santos, de las alabanzas de los justos, de las convicciones del alma y de la esencia de la Iglesia.

continuará...

en Cristo,
Ed. Ramírez Suaza





[1] Tomás de Aquino en Pablo Hoff. Teología Evangélica. 2005, p.12
[2] Karl Barth. Introducción a la Teología Evangélica. 2006, p.42
[3] Ibid, p.52
[4] Theo Donner. Introducción a la Teología, p. 2 [en línea]
http://www.iglesiareformada.com/biblioteca.html
[5] José Grau. Introducción a la Teología. 1973, p.16

miércoles, 2 de enero de 2013

Carta Abierta A Un Pastor Confundido


Carta Abierta A Un Pastor Confundido

Apreciado pastor, mirando yo por entre la celosía de la ventana de mi casa te vi, alcancé a intuir las buenas intenciones que alberga tu corazón en pastorear la comunidad por los valores del evangelio de Jesucristo en el poder del Espíritu Santo. A pesar de esas buenas intenciones te vi confundido; y lo supe en el instante de tus radicales rechazos a la teología, de lo evidente que son tus esquivos a los teólogos.

Amigo mío, bien sabe Ud. que el ministerio no es un resultado de iniciativas humanas compadecidas de la comunidad de santos en Cristo; es una constitución del mismo Jesús resucitado a fin de perfeccionar a los santos para el ministerio, como la edificación de la Iglesia (Efesios 4.11-12). Además, cuidamos una Iglesia no nuestra; de Dios. Tenemos un ministerio ideado por Dios para provecho de la Iglesia; no personal. Lanzarnos sin conocimiento de Dios, entre otras, a esta sublime labor no es saludable, recordemos lo que dice las Escrituras: no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo (1 Timoteo 3:6).[1]

Observo algunas razones por las cuales carecemos de preparación teológica, entre ellas: lo inaccesible que es la preparación seria para el ministerio en muchos casos, las limitaciones económicas dejan al ministro sin más opción, a veces la negligencia o el temor a enfrentarse con la disciplina del saber, el rechazo desde diversos escenarios evangélicos a la capacitación teológica porque, según ellos, el Espíritu Santo les revela todas las verdades de Dios de manera sobrenatural, mística y sin el mínimo esfuerzo de una disciplina al escudriñar las Escrituras. No niego ni rechazo lo que el Espíritu de Dios hace en el ser de quien Escudriña la Biblia en oración, y de lo mucho que puede aportar esa persona al cuerpo de Cristo. Como tampoco podemos considerar la obra del Espíritu Santo en una mente perezosa, negligente frente a las Escrituras. Dentro de ese grupo de quienes valoran solo la “revelación espiritual”, se dan el gusto de menospreciar lo que Dios ha permitido comprender a hombres y mujeres fieles al estudio serio, responsable y cristiano a las Escrituras. “Nada es más absurdo en religión que el rechazo de una autoridad que contiene la verdad del Dios vivo; y nada podría ser más trágico que la sustitución de la voz de Dios por las voces de los hombres”.[2]

Querido pastor, a veces las distancias con la teología empiezan porque desconocemos lo que ella significa, lo que ella es, su contenido, su esencia, su composición, su motivación, su propósito, su punto de partida y llegada, entre otras. De manera humilde le ofrezco algunas aclaraciones:

¿Qué es teología?
Técnicamente el vocablo teología se deriva de dos palabras griegas: Theos (Dios) y logos (razón, orden, palabra); juntas señalan “El Estudio de Dios”. Haciendo la salvedad de lo imposible que es para el ser humano estudiar a Dios. En realidad estudiamos lo revelado de Dios en la Biblia. De manera básica y acertada te puedo decir que teología es el estudio de la Revelación de Dios contenida en la Biblia.

Amigo mío, de alguna manera Ud. es teólogo, eso sí, si estudia y encarna la Biblia. Todas las verdades eternas aprendidas y adheridas a sus convicciones extraídas de ese sagrado libro, son teología. Cada verdad de Dios que estremece su ser y luego comparte con otros, es teología. Mucha parte de sus discipulados y sermones con sustentación bíblica, son teología. Si Ud. se deleita en la Verdad revelada de Dios, Ud. es un teólogo.

Decía Spurgeon: “El estudio más excelente para ensanchar el alma es la ciencia de Cristo, y este crucificado, y el conocimiento de la deidad en la gloriosa Trinidad. Nada hay que desarrolle tanto el intelecto, que magnifique tanto el alma del hombre, como la investigación devota, sincera, y continua del gran tema de la Deidad.”[3]

Continuará…

En Cristo,
Ed. Ramírez Suaza





[1] La palabra neófito (gr. neo,futoj) significa “recién convertido”. Pablo procura evitar que los ministros del evangelio omitan el proceso de formación que los hace aptos para servir en la Iglesia.
[2] Bernard Ramm, The Pattern of Religious Authority, 1959, p.16
[3] Spurgeon en J.I. Packer. Hacia El Conocimiento de Dios. 1997, p.12

jueves, 20 de diciembre de 2012

Yo No Olvido Al Año Viejo


    



Por estos días es muy sonada en mi tierra la canción que reza así:
Yo no olvido al año viejo porque me ha dejao cosas muy buenas: me dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra…

A decir verdad yo tampoco olvido al año viejo; aunque a mí no me dejó una chiva ni una burra ni una yegua; sí me dejó una buena suegra “pero no tanto” como pa’ estarla cantando a los cuatro vientos. 

«…Me dejó. Me dejó. Me dejó cosas buenas, cosas muy bonitas…». 

¿Qué me dejó el año viejo? 
Me gustaría que se respondiera ésta pregunta, ¿qué me dejó el año viejo? No pienso hacer teología de esta canción, simplemente quiero que piensen en esto, ¿qué te dejó?

A mí me dejó recuerdos multicolores: me dejó las marcas del borde de la muerte y lo despiadado que es el ser humano sin Cristo. Este año me dejó gastada la espada de tantas batallas libradas en los callejones de mi existencia. Me dejó lágrimas abandonadas en los desiertos que por fin cruzamos y unas cuantas cicatrices de la travesía de la vida. Mas todas las penurias vistas en contexto con cada respirar, me veo en la obligación de cantar «…Me dejó. Me dejó. Me dejó cosas buenas, cosas muy bonitas…». Me dejó mil y una razones para ser agradecido: gracias a Dios. Gracias a la vida. Gracias a la naturaleza. Gracias a la familia. Gracias a los amigos. Ni modo de hacer menciones de cada por qué de mis gratitudes porque son innumerables.

Me dejó la fascinante experiencia de vivir otra vez: respirar, soñar, cantar, llorar, suspirar, amar, odiar, perdonar, ser perdonado, orar, leer, escribir, correr, jugar, recapacitar, aprender, comer, dormir, hacer, trabajar, descansar, visitar, servir, destruir, nadar (en mi caso, por lo menos intentarlo), viajar… ¡qué bella es la vida!

Me dejó sorprendido. Bueno, en realidad quien me sorprendió en cada amanecer fue Aquel quien jamás deja de sorprender la humanidad: Jesucristo. Él se encargó de traerme lo inesperado, lo impensable, lo imposible, lo sorprendente: ubicó en perspectiva correcta mis caminos, enderezó mis pasos, soñó correctamente mis sueños, giró mi corazón hacia él, me enseñó a pensar y atravesó mis propósitos con sus razones de vivir; me llevó a la otra orilla cada vez que me di por vencido. En fin.

Me dejó encantado. Sí, es una manera de decir feliz. El año viejo trajo más alegrías que tristezas, más triunfos que derrotas, más perdones que ofensas, más chistes que chismes, más besos que piedras, más amigos que adversarios, más abrazos que desprecios, más frutas frescas que necesidades, más canciones que vergüenzas, más regalos dados que recibidos. Y aunque la felicidad no siempre se compone de lo egoístamente anhelado, todas sus manifestaciones encantaron el alma mía de este maravilloso don de la vida.

Me dejó sueños. El año viejo me dejó sueños realizados, otros en proceso, otros prescindidos, otros empezados, otros nuevos. Ah, y con ellos la fuerza para emprender, para luchar, para despertar. Es que soñar de brazos cruzados no sirve de nada, no vale la pena. Los sueños verdaderos ampollan los dedos, encallecen las manos, fatigan las fuerzas sin agotarlas, despiertan el compromiso y sacuden la pereza. ¡Guárdeme Dios de soñar con mis brazos cruzados!

¡Ay, yo no olvido al año viejo! como siempre estaré pendiente de no olvidar lo verdaderamente importante: ¡Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguna de sus bendiciones! El Señor perdona todas tus maldades, y sana todas tus dolencias. El Señor te rescata de la muerte, y te colma de favores y de su misericordia. El Señor te sacia con los mejores alimentos para que renueves tus fuerzas, como el águila (Salmo 103).

¡Yo no olvido al año viejo y ninguna de las bendiciones del Señor!

©2012  Ed. Ramírez Suaza



jueves, 6 de diciembre de 2012

Blanca Navidad


Blanca Navidad

Mirando yo por entre la celosía de la ventana de mi casa busqué la “Blanca Navidad”, la busqué con entusiasmo, con las ganas de un niño atado a la inocencia, como buscan las guacamayas las cúspides de los silvestres árboles amazónicos; así te busqué Blanca Navidad. La encontré, aunque casi que no se deja ver. La encontré relegada, ignorada, opacada por las muchas luces que encienden mis coterráneos en honor a otra, a una falsa navidad. Mi ciudad, bien llamada La Ciudad de la Eterna Primavera, se enciende de luces vacías; brillantes en lo tangible pero oscuras en las realidades del corazón humano. Luces vacías de integridad. Vacías de Jesús. Vacías de la cruz. Vacías de verdad. Vacías del amor fraterno y filial. Vacías de compasión. Vacías de esperanza.

Es una falsa navidad porque se desplaza por completo al protagonista de la verdadera Navidad. Si el papa Benedicto XVI dejó sin vaca y sin burro al pesebre; otros lo han dejado sin Jesús, sin María, sin José, sin los reyes magos; se ha hecho del pesebre un circo, un bar, una cantina, una plaza de mercado, un altar al ruido vano. Cuando voy al pesebre de la Biblia coincido con Benedicto XVI en no encontrar allí burros ni vacas; como tampoco encuentro botellas de guaro “adornando” sus ángulos ni parlantes a todo dar con guascas cuyas letras no dejan de profanar la Navidad con su doble sentido. En el pesebre no encuentro prostitución ni humo de marihuana o cualquier otro tabaco. En el pesebre no encuentro esos inmensos estantes de “promociones” desembocando las gentes al derroche financiero. En el pesebre encuentro un silencio que elogia la voz de María: -Aquí tienes a la sierva del Señor…- Encuentro en el pesebre la obediencia de José, la adoración verdadera de unos magos, como también el cántico de los ángeles y el regocijo de unos pastores de Belén; verdadera composición del Pesebre en la primera y genuina Navidad.

La Navidad primera era blanca, no por la nieve que nos pintó las aguas negras de Coca-Cola; sino por la pureza humana en aquel humilde lugar. Nació quien haría posible la solución a este problema: ¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana! (Is. 1.19). ¡Eso es! La Navidad es blanca y blanquea, quien se acerca a Jesús con franqueza reconociendo su condición de pecador quedará blanco como la nieve, como la lana; “como la pulpa de coco”, así decía un viejo amigo. Por esta razón nos resulta a unos pocos blanca la Navidad.

Esta Blanca Navidad es pobre en notoriedad, carente de popularidad, ausente en la publicidad canibalesca del siglo XXI, escondida en algunos templos y débil en algunos casos (por no decir personas). Cristo nació en un establo porque no encontró lugar en la posada; como al parecer le cuesta hallar lugar hoy. Cristo nació en un pesebre para hacer posible lo imposible: el perdón de nuestros pecados, la salvación de la humanidad y la creación de un mundo nuevo. «… en el pesebre [...]. Dios no se avergüenza de la bajeza del hombre, entra en ella [...], ama lo que está perdido, lo que no es considerado, lo insignificante, lo que está marginado, débil y abatido. Donde los hombres dicen «perdido», él les dice «salvado»; donde los hombres dicen «no», él les dice «sí».[1] Donde se dijo, esto está hecho un caos; él dijo: vine a hacer nuevas todas las cosas.

¡Por fin te vi Blanca Navidad!




[1] Navidad con Dietrich Bonhoeffer. (Spanish). (2005). Humanitas (07172168), 40(10), 504-508.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Me Enamoré ¡y qué hacemos pues!


Me Enamoré
¡y qué hacemos pues!

¡Volví a suspirar como lo hacen los enamorados! ¡y qué hacemos pues! Ellos suspiran dando fragancia a esas melodiosas palabras que llegan a sus corazones en la dulce voz de su enamorad@, así no sea sexy; con el recuerdo de los besos y el sueño de un abrazo fundidor,  eterno. Más profundo volví a suspirar; ¡y qué hacemos pues! Si cuando un@ joven se enamora siente perder el control de la intensidad de amar, así me he estado sintiendo.

Nunca había estado en un encuentro de Jóvenes Adultos Solteros, mucho menos como conferencista invitado. Aunque no eran la cantidad de jóvenes esperados, quienes estuvimos lo hicimos con todo el corazón, permitiendo además que la vida nos entretejiera con lazos de amistad sincera, diáfana. Entre ellos, el soltero más cotizado de la historia: Jesús. Sí, a penas con 30 años de edad empezó su vida pública ¡y de qué manera! Su primer discurso registrado, además de ser el primer discurso en nuestro encuentro, fue sobre la felicidad (Mateo 5.1-16). Claro está, no se trata de esa vida que propone el sistema mundanal vacía; se trata de la felicidad verdadera, profunda, inamovible, perdurable. El primer discurso en el Nuevo Testamento es sobre la felicidad, señalando el único camino a la única felicidad posible al ser humano. Más sorprendente aún, es el discurso de un Joven Adulto Soltero que es plenamente feliz. Esto me enamoró, ¡y qué hacemos pues!

En muchos casos la felicidad es vista como un privilegio de los dioses huyendo de los humanos, escondiéndose de nosotros ¿dónde estás felicidad?, vacilándonos en el peregrinaje de la vida, haciéndonos ilusiones para luego burlarse de nosotros. Se ha visto la felicidad como esa dicha que hay que perseguir toda la vida; pero qué grasso error concebir la felicidad de esa tan lamentable manera. El Salmo 23.6 dice, La bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida;… (NVI), la palabra traducida en este verso como bondad en el hebreo es “tôb” que, entre otras cosas significa felicidad. Sin ningún inconveniente podemos traducir así: La felicidad y el amor me seguirán todos los días de mi vida;… Esto me enamoró, ¡y qué hacemos pues! Porque la única felicidad dispuesta al ser humano no es para perseguirla; ¡es para ser perseguidos por ella! Ahora la vida me ha hecho “fugitivo de la felicidad”. Ella me busca, me persigue, se me atraviesa, me captura, me cautiva, me realiza, me empuja, si se quiere, hasta el lugar de la absoluta felicidad: la presencia de Dios (Salmo 23.6). Me enamoré, ¡y qué hacemos pues!

Amig@ mí@, hoy la felicidad se nos hizo quimera en el afán de tener, de escalar en la pirámide social, en aparentar belleza y estilo; pero el hombre más feliz que ha pisado esta tierra encontró la felicidad en la paradoja de la vida: siendo pobre, manso, hambriento y sediento de justicia, misericordioso, limpio de corazón, pacificador, perseguido, ¡todo! El ser de Jesús resulta siendo Su propuesta de felicidad a la humanidad. En definitiva, cada mención al ser en las bienaventuranzas de Jesús refleja que todas ellas caracterizan la dependencia de Dios.[1] No son felices por sus propios recursos, su felicidad se realiza en dependencia del Dios feliz. Estoy aprendiendo a construir felicidad personal y a mi alrededor en base a la felicidad del único Dios feliz. Y qué tal que Dios no fuera feliz. ¿Puedes imaginarte lo que sería si el Dios que gobierna el mundo no fuera feliz? ¿Qué pasaría si Dios estuviera frustrado, triste, melancólico, abatido, descontento y desanimado?[2]

Cuando pienso en la felicidad de Dios, suspiro; ¡y qué hacemos pues! Él me hizo feliz. Me enamoré de la vida, de mi familia, de mis amigos, de a quienes sirvo, de la Iglesia, de la creación, de Dios…

Me enamoré, ¡y qué hacemos pues!







[1]Antonio Cruz. Los Bienaventurados: Descubra Los Secretos De Una Vida Cristiana Feliz, p.22
[2] John Piper. Sed de Dios, p. 25

EL SANTO CACHÓN

Mirando yo por entre la celosía de la ventana de mi casa vi que el diablo no tiene cuernos; en cambio, Dios sí. ¿Quién lo diría? ¡Dios tiene...