sábado, 9 de marzo de 2019

LA BRUJA DE ENDOR II


La brujería es una espada sin empuñadura. No hay manera segura de agarrarla.
George R. R. Martin

Mirando yo por entre las páginas sagradas de la Biblia, vi un relato extraordinario en el primer libro de Samuel capítulo 28. En él quedó narrada la historia de un rey practicante de la religión mosaica quien, en contra de sus convicciones cúlticas, consultó a una nigromante para perturbar a un muerto, específicamente al difunto profeta Samuel.

La nigromante, en efecto, invocó al espíritu y éste de manera sorprendente apareció en el escenario y se comunicó exitosamente -por medio de la bruja- con el rey Saúl. El peculiar diálogo sostenido entre ellos no proveyó lo esperado por el monarca, quien al escuchar las terribles noticias sobre la derrota fatal que le esperaba al día siguiente, se desmayó al instante.
Hay que sumarle al soponcio del rey, que el hambre también lo había debilitado.
Con el desmayo de Saúl termina el ritual nigromante.

La pitonisa volvió en sí y se transformó completamente: mutó del ser una bruja a una mujer “sabia”[1] y generosa. El destello de sabiduría intuido en la narrativa se hizo evidente cuando la hechicera se atrevió a orientar a su rey: -Yo soy tu sierva, y obedecí tus órdenes arriesgando mi vida, confiada en tu palabra. Ahora te ruego que tú me escuches a mí. Te voy a servir de comer, para que te alimentes y recobres las fuerzas, y sigas tu camino.-

Considerar a esta mujer como una figura paradójica de sabiduría no es del todo descabellado si se aprecia un poco la hondura de su corazón, cuando suplicó ser escuchada, porque sus palabras le harían bien al rey. Además, preparó alimentos para quien desfallecía.[2]
También se subraya que fue muy generosa: mató su ternero gordo para preparar un plato de carne, amasó harina y con ella hizo panes. No sólo dio de comer al rey, compartió la mesa con toda la comitiva real que en ese momento estaba presente.[3]
Claro está, todo el proceder de la adivina quedó enmarcado en su valor e ingenio para salvar su pellejo.[4]

Es sumamente maravilloso ver en la narrativa bíblica sobre Saúl y la bruja de Endor que, ella no fue condenada por su pecado ni reprochada su hechicería; para ella no hubo juicio. El espíritu de Samuel tampoco hizo amonestación alguna por su oscuro proceder. Lo cual resulta controvertido. Ayuda a los lectores el tener en cuenta que, el escritor de estos acontecimientos tuvo un objetivo específico para su libro; el mensaje central de su testimonio no se plasmó en el ser ni el proceder de la mujer bruja, a quien además le fue negado un nombre.  El mensaje para el pueblo de Israel quedó enmarcado en el vil proceder del rey. Rey que, dentro de la narrativa bíblica de Samuel, se convirtió en un problema a solucionar. Las páginas siguientes cuentan con fascinación que Dios había “fichado” un nuevo rey para Israel, uno conforme a su corazón.

Saúl quedó dibujado, en el libro de Samuel, como un monarca desorientado, un dirigente militar ignorante, sin tener a quien consultar. Su último recurso a la mano fue la hechicería, y lo tomó. Este proceder desesperado demostró el grado de envilecimiento al que descendió. Finalmente, la figura de Saúl se retrató como una persona patética, impotente, aterrorizada y desplomada sobre el suelo.[5]

Este post está en deuda, aún no responde a la pregunta: ¿hubo palabra profética -palabra de Dios- en medio de este ritual nigromante?
Indudablemente la invocación del espíritu obtuvo éxito.[6] Cuando la médium invocó al difunto Samuel, realmente fue sorprendida por una visión. Esta experiencia nigromante para la mujer de Endor no tenía precedente alguno, su grito y el miedo que la invadió permiten intuir que fue primera vez, en toda su trayectoria hechicera, que un espíritu invocado se manifestó realmente.
Inicialmente, ella no vio un espíritu humano; vio dioses saliendo de la tierra. Luego miró de nuevo, y vio a un anciano cubierto con un manto. Saúl inmediatamente identificó al personaje de la visión con Samuel, el profeta.

La descripción que hizo la médium de su visión provoca la siguiente pregunta: ¿tiene -o tuvo- la nigromancia poder sobre el Seol para levantar los espíritus que hay en él?
En los textos veterotestamentarios de la Biblia, el Seol “designa el “más allá” de la vida, el lugar de los espíritus de los difuntos, la morada de los muertos.”[7] En las mismas Escrituras, el único que tiene poder sobre el Seol es Jehová. Nadie más puede disponer de él para darle entrada o salida a alguien. Se deduce ante el fenómeno que Dios, de manera soberana y única,  permitió que un muerto escuche la invocación de una bruja, se levante desde el Seol, se manifieste y se comunique con los vivos en un ritual nigromante.

Ésta no es la única vez que la Biblia testifica sobre la soberanía de Dios permitiendo al mal o al maligno participar para sus propósitos perfectos. En el libro de Job, Dios dialogó con el mismo Satán para permitirle atormentar a su siervo Job (Job 1). El Satán es un siervo de Dios. Obedece a Dios. Actúa para los propósitos de Dios. Según el testimonio de S. Pablo, un mensajero del Satán sirvió como instrumento de Dios para abofetearlo. Con estas palabras verbalizó su testimonio: -para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera- (1 Corintios 12.7).
El Satán y todo su dominio sobre el mal están sujetos al señorío de Dios y a sus divinos propósitos; así eso nos escandalice.

El discurso del espíritu de Samuel al ser invocado fue corto (1 Samuel 28.16-19). Tiene muchas similitudes con dos reprimendas anteriores, cuando el profeta en vida rechazó el proceder del rey. La primera se encuentra en 1 Samuel 13.13-14 cuando dijo: -Si hubieras obedecido la orden que el Señor te dio, él habría confirmado para siempre tu reinado en Israel. Pero ahora, tu reinado no permanecerá. El Señor buscará un hombre de su agrado y lo nombrará jefe de su pueblo, porque tú has desobedecido la orden que él te dio.-  La segunda reprimenda se encuentra en 1 Samuel 15.23-28, algunos apartes rezan así: - Tanto peca el que se rebela contra él como el que practica la adivinación; semejante a quien adora a los ídolos es aquel que lo desobedece… tú has rechazado el mandato del Señor, y ahora él te rechaza como rey de Israel.-

El fantasma del profeta, a través de la médium, repitió su discurso profético al rey Saúl, claro, luego de manifestarle su disgusto por haber sido invocado: -¿Para qué me has molestado haciéndome venir?- Aun así, no se contuvo para repetir lo que en vida le manifestó un par de veces: -El Señor ha hecho contigo lo que te anunció por medio de mí. Te ha arrebatado el reino y se lo ha entregado a tu compañero David.-

A diferencia de las reprimendas en vida, el anciano fallecido, cuyo espíritu tenía apariencia de dioses -según la bruja- dio fecha precisa al rey de su fatal final: -el Señor va a entregar a los israelitas y a ti en poder de los filisteos, y mañana tú y tus hijos estarán conmigo.-
El juicio “mañana tú estarás conmigo”, no se trató de un “mañana” de 24 horas, fue un “mañana” como un futuro muy cercano. El capítulo 31 del primer libro de Samuel, preserva la crónica de la muerte de Saúl y de sus hijos. Cumpliéndose así el oráculo del espíritu del profeta invocado en un ritual nigromante.

La intuición teológica para afirmar que en realidad la bruja de Endor logró perturbar al difunto profeta se basa en, primero, el asombro de la médium ante la visión de los dioses emergiendo de la tierra. La combinación de miedo y gritos dan apertura a una “sospecha responsable” de que es primera vez, en su quehacer nigromante, que un espíritu invocado responde realmente. Segundo, el discurso profético del fantasma es preciso con las dos reprimendas que en vida el profeta le dio al rey Saúl. Tercero, la novedad del discurso profético dentro del ritual hechicero: la sentencia de muerte destinada para el rey, con fecha incluida: -mañana estarás conmigo-. Y así aconteció.
En conclusión: para mí, el fantasma sí era el espíritu de Samuel y sus palabras sí fueron proféticas.

Otras conclusiones:
Dios es soberano. “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col. 1.16). La soberanía de Dios no sólo se comprende como su poder creador de todo cuanto existe, se comprende también como su gobierno sobre todo lo creado. La soberanía de Dios tiene un significado que puede resultar chocante, además: él hace lo que quiere, cuando quiere, como quiere, con quien quiera, donde quiera.

Dios es trascendente. Por naturaleza, Dios es ilimitado e ilimitable. Su gloria, poder, señorío, majestad, perfección y más, no pueden ser limitadas por algo o alguien de su creación; imposible también prohibirle, restringirlo, encasillarlo. No hay más de otra opción que reconocerlo como el “Yo Soy”. Su autopresentación y autodefinición divina nos supera el pensamiento, la experiencia, la comunicación, la comprensión. Simultáneamente, nos despierta la maravilla por quién es él, el asombro por su nombre glorioso, la alabanza por su majestad universal y gratitudes por su amor inmensurable.
No hay poder ni ser terrenal, tampoco infernal, que pueda sobreponerse y sujetar la soberanía y trascendencia del Dios revelado en la Biblia.

Dios es escandaloso. Es decir, que sus palabras y acciones nos causan asombro, admiración, estupefacción. Regularmente el término “escándalo” hace referencia a algo moralmente negativo, aun así, el ser humano contemporáneo se escandaliza de sus mandamientos, de sus juicios, de sus milagros, de su amor, de su cruz, de su resurrección, de su futuro regreso, de sus promesas eternas. Es probable que algunas personas se sientan escandalizadas al enterarse de una intervención divina en un ritual nigromante, porque su percepción del Dios real es estrecha. Algunas personas necesitamos aprender que él también reina sobre el mal. Sobre lo oscuro. Sobre lo misterioso. Sobre lo espantoso. Sobre lo diabólico. Sobre lo infernal. No podemos ignorar que Dios consiente la existencia del mal que no entendemos y que, a pesar de nuestras limitaciones para comprenderlo, él es el único Señor.

La experiencia de ocultismo plasmada en el libro de Samuel entre una bruja de Endor, un rey israelita y el fantasma del profeta Samuel, debe ser entendida como un caso único, excepcional, en el cual se intuye una singularidad permitida por Dios para llevar a cabo sus juicios sobre un rey obstinado en pecar. El testimonio de la bruja de Endor en la Biblia señala una excepción, no la norma ni la licencia bíblica para prácticas de esta naturaleza.

Los libros de Samuel fueron escritos por un cronista -quizá se escribió entre varios-[8] de quienes desconocemos sus nombres. Lo convincente en la evidencia interna en los dos tomos de Samuel, es que entre sus líneas quedó plasmada parte de la vida y teología del pensamiento piadoso de los judíos exiliados en Babilonia. Estas historias fueron narradas teológicamente, décadas después de los acontecimientos. Relatadas desde el exilio para explicarle a los hebreos que sus pecados en comunidad, que su maldad como nación, que haberle dado la espalda a su dios Jehová les llevó a sus peores desgracias. Entre muchos pecados, la hechicería. Práctica que resulta abominable a Dios. Reconocerse en los relatos de Samuel, estimuló la reflexión que trae arrepentimiento. Ayudó a que el pueblo se identificara pecador, necesitado de un cambio profundo en dirección a su Creador. Que como nación estaban comprometidos, no a consultar las estrellas, sino a Aquel que las creó. No a los muertos, sino a Aquel que vive eternamente.

En el Nuevo Testamento, el Dr. Lucas plasmó otro testimonio donde una de sus personajes es adivina (Hechos 16.11-18). Pablo y Silas se encontraban anunciando el evangelio de Jesucristo en Macedonia, específicamente en Filipos. Mientras transitaban las calles de aquella ciudad, la mujer adivina comenzaba a vociferar: -Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, y les anuncian el camino de salvación.- Siendo la adivinación cierta, la pregonera no era la indicada, no porque los apóstoles rechazaron a la mujer, sino al demonio que la poseía y se comunicaba por medio de ella. Molestando esto a Pablo, reprendió al demonio, quien tuvo que salir del cuerpo de la mujer, dejarle su alma libre. Desde entonces, la mujer no era capaz de adivinar otra vez. Y en verdad, nunca más lo volvió a necesitar; después de su liberación espiritual, quedó en los brazos del Salvador Jesucristo.
Recojo este testimonio del Nuevo Testamento, para reconocer que la adivinación es una práctica que precisa de intervenciones demoniacas, procederes del mal que no convienen al ser humano y prohibidas para el cristiano.

Faltando todo por decir.

©2019 Ed. Ramírez Suaza 


[1] J. Kabamba Kiboko. “Divination in 1 Samuel 28 and Beyond: An African Study in the Politics of Translation”. Electronic Theses and Dissertations (2010): 363. A Dissertation Presented to the Faculty of The University of Denver and the Iliff School of Theology Joint PhD Program. https://digitalcommons.du.edu/etd/846
[2] Ídem
[3] Algunos comentaristas contemporáneos ofrecen un retrato hablado de la bruja de Endor con un toque piadoso, un rostro totalmente agradable, inclusive hay quienes consideran la amabilidad de la bruja como un acto “cristiano”.
Gnana Robinson, Let Us Be Like the Nations: A Commentary on the Books of 1 and 2 Samuel, (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1993), 144.
[4] Ben Siegel. “The Necromancer’s Inheritance: The  Ba’alat Ov of Endor in 1 Samuel 28”. p. 15
En línea: https://www.academia.edu/2031390/The_Necromancer_s_Inheritance_The_Ba_alat_Ov_of_Endor_in_1_Samuel_28
[5] Daniel Olariu. "The Riddle of En-Dor: A Rhetorical Approach to 1 Samuel 28:3–25." Pages 75–94 in "What Are Human Beings that You Remember Them?" Edited by Clinton Wahlen. Silver Spring, MD: Review and Herald, 2015.
[6] Hay comentaristas que contradicen esta comprensión del texto. Ver más: Grenville J. R. Kent “‘Call up Samuel’: Who Appeared to the Witch at En-Dor? (1 Samuel 28:3-25)”. Andrews University Seminary Studies, Vol. 52, No. 2, (2014): 141-160.
[7] Alfonso Ropero (ed.). Gran diccionario enciclopédico de la Biblia. Barcelona: CLIE (2014): 2332
[8] Teoría de los bloques. Mientras la hipótesis anterior cuenta con extensos relatos que abarcan desde los orígenes de la humanidad y de Israel hasta la época de David y Salomón (los ríos), la que ahora comentamos prefiere la idea de bloques independientes, unidos más tarde por un redactor. El libro aparece aquí como un edificio construido a base de elementos previos. Existía un bloque que hablaba de Samuel (1Sam 1-3), otro del arca (1Sam 4-6 + 2Sam 6); otro de la subida de David al trono (1Sam 16 - 2Sam 7). El redactor del libro se limitó a ensamblarlos, realizando a veces pequeños cambios.
Teoría de la Historia deuteronomista. Propuesta por Martin Noth en 1943, recoge ideas de la hipótesis anterior, pero con un enfoque radicalmente nuevo. Según Noth, los libros de Josué, Jueces, Samuel y Reyes formaban en su origen una obra histórica redactada por un solo autor, en Palestina, durante la época del destierro a Babilonia (mediados del siglo VI a.C).
Teoría de la doble redacción de la Historia deuteronomista. Parece más convincente la postura de F. M. Cross: la Historia deuteronomista tuvo dos redacciones principales, una de corte optimista, en tiempos del rey Josías (finales del siglo VII a.C), y otra marcadamente pesimista, posterior al destierro a Babilonia. Jose Luis Sicre. Primer libro de Samuel. Barcelona: Herder (1997): 19-20           

viernes, 22 de febrero de 2019

LA BRUJA DE ENDOR



La brujería es la salsa que vierten los idiotas sobre el fracaso para ocultar el sabor de su incompetencia.
George R. R. Martin


Mirando yo por entre las páginas de la Sagrada Escritura, vi un episodio extraordinario en el primer libro de Samuel capítulo 28 en donde el rey Saúl, monarca de Israel, consultó a una nigromante para que le invocara al espíritu del fallecido profeta Samuel, a fin de pedirle alguna instrucción en cuanto a proceder militarmente ante los adversarios de Israel.
Esta fue una decisión impulsada por la desesperación que inundó al corazón del rey cuando experimentó profundamente el abandono del Dios de Israel.
Lo extraordinario de este episodio bíblico se encuentra en el hecho de que, la pitonisa invocó al espíritu del profeta Samuel ¡y lo logró!

Mucho antes de que Saúl visitara sorprendentemente a la bruja de Endor, emprendió una campaña de “santa inquisición” en la que arremetió severamente contra todas las personas que practicaran o tuviesen vínculos directos con el ocultismo. Así, “Saúl había expulsado del país a todos los encantadores y adivinos” (1 Samuel 28.3).
Es una extrañeza que tiempo después de su campaña anti-ocultismo, fuera a solicitar ayuda a una nigromante.

Probablemente Saúl no persiguió a brujos, hechiceros y adivinos por una convicción sincera y radicalmente profunda en la Torá que le impulsara a tal cosa. Más bien, se sospecha que su proceder pretendió recuperar un poco su favorabilidad popular-religiosa ante la opinión pública.
Valga la pena recordar que la Torá dice: “Cuando hayan entrado ustedes en el país que el Señor su Dios les va a dar, no imiten las horribles costumbres de esas naciones. Que nadie de ustedes ofrezca en sacrificio a su hijo haciéndolo pasar por el fuego, ni practique la adivinación, ni pretenda predecir el futuro, ni se dedique a la hechicería ni a los encantamientos, ni consulte a los adivinos y a los que invocan a los espíritus, ni consulte a los muertos” (Deuteronomio 18.9-11).

Expulsar del país a los encantadores y adivinos no terminó con las batallas o causas de Saúl, tuvo que hacer frente a un adversario más aguerrido y fuerte: el ejército filisteo. La amenaza por parte de éstos últimos fue tan severa que el rey perdió su estabilidad emocional, su interior fue invadido por diversos miedos.

Desesperado quiso consultar a su dios Jehová por medio de sueños, y no obtuvo respuesta.
El ritual para consultar por sueños a Jehová consistía en hacer una petición. Luego, dormir dentro del santuario o cerca a un objeto considerado sagrado para, así, recibir un sueño de parte de Dios.[1]
Desorientado e invadido por los fantasmas del temor y la cobardía, paso seguido, Saúl consultó a Jehová por medio del urim y tumin, quien igual se quedó sin respuesta.
“Se ha especulado que -urim y tumin- podrían ser dos piedras que, según como cayeran al arrojarlas, serían interpretadas como un mensaje de Dios.”[2] El urim y tumin se usaron “antes de emprender una batalla, para descubrir al culpable de alguna falta, para garantizar la legitimidad del linaje sacerdotal.”[3] El caso fue que Dios guardó silencio ante la consulta que, por orden del rey, le hicieron echando suertes.
Finalmente, dentro de lo permitido en la religión judía, Saúl sintiéndose abrumado consultó también a los profetas de Israel. Ellos tampoco le dieron una respuesta satisfactoria de parte de Dios.

Presa el alma en desasosiegos, Saúl quiso buscar con afán una asesoría, una bendición que le salvara de sus implacables enemigos. El rey no estaba interesado en acercarse a Dios de manera genuina; sólo le importaba un beneficio que desde el cielo pudiese obtener.
Ante este interés, quien habita los cielos guardó silencio.
Silencio que el rey de Israel no estuvo dispuesto a soportar, así que jugó con doble moral. No le importó su contradicción política/religiosa: formó una división de investigadores privados, a quienes encomendó la misión de encontrar una adivina capaz de invocar espíritus de los difuntos.
El equipo que conformó el rey para esta tarea fue muy eficiente; no tuvieron necesidad -parece ser- de salir a investigar, algunos de entre ellos sabían de antemano que en Endor había una, y muy profesional. Saúl no hizo reparo alguno del por qué aún quedaban brujas en territorio israelita, ni reproches a sus hombres de confianza porque sabían dónde había más hechiceros y no se lo comunicaron. Al rey parecía sólo importarle un juicio del “más allá” para proceder “iluminado” frente a la amenaza de sus enemigos.

Este relato se nos cuenta con ciertas ironías:
  •  El Dios de Israel no quiso responder las consultas que el rey de su pueblo hizo. Fue un lenguaje contundente de rechazo. 
  •  Las brujas un día perseguidas por Saúl, después le resultarían necesidad urgente.
  •  Escoltas muy cercanos al rey conocían la ubicación de una bruja (o varias) que jamás persiguieron a pesar de la orden real (1 Samuel 28.7). Entre posibles razones, porque Endor era una aldea fronteriza entre Israel y el territorio filisteo. Quizá, cuando Saúl expulsó a los médiums, ella se retiró estratégicamente a la frontera, haciéndose extranjera, pero aún disponible[4] para los israelitas, en caso de que se presentara alguna eventual necesidad de sus servicios.

Una vez confirmada la ubicación de la médium, Saúl emprendió camino a casa de ella.
El tipo fue creativo para esta visita sorpresa: se disfrazó, quizá así pretendió evitar muchos “dolores de cabeza”.  Finalmente, llegó al consultorio de la nigromante e hizo su solicitud: - te ruego que me adivines la suerte, y que hagas venir el espíritu de quien yo te diga.-

Hasta esta escena del relato todo parece “normal”: un rey profesante de religión mosaica acudiendo en plena confusión mental, turbado el corazón y lleno de miedos a rituales de comunicación, propios de su fe, con Dios. A la luz de toda la narrativa sobre este monarca, el silencio divino no sorprende, pues el rey había sido rechazado por su Creador, y él tenía consciencia de todo esto (1 Samuel 15.26).
Que consulte a una adivina tampoco es “cosa del otro mundo”. Desde pasados milenarios el ser humano conserva una curiosidad, intriga y participaciones diversas con prácticas propias del ocultismo. Esto tampoco es sorprendente en la narrativa bíblica, pues se trata de un hombre que dejó de respetar al Dios de Israel y de tener comunión alguna con él.

¿Qué es lo sorprendente?
Que Saúl rogó a una nigromante que invocara al espíritu del fallecido profeta Samuel, y en efecto lo invocó y él apareció. ¡Esto sí es sorprendente!

La narrativa bíblica dice que Saúl “rogó” a la nigromante; otras traducciones dicen que “pidió el favor”; otras, que Saúl “dio la orden” para consultar al espíritu de Samuel. No es fácil determinar si el rey rogó a la nigromante o le pidió el favor o le ordenó hacer el ritual de invocación. Sin embargo, por las maneras en que el relato bíblico muestra la degradación de la persona y monarquía de Saúl, parece viable que la solicitud del rey a la bruja de Endor haya sido un ruego afanado;[5] algo así como, -¡ya, por favor!-

La prisa y la ansiedad señoreando el corazón del rey trajeron sospechas a la adivina, quien dijo: -Tú bien sabes que Saúl ha expulsado del país a los que invocan a los espíritus y a los adivinos. ¿Por qué me tiendes esta trampa? ¿Quieres que me maten?- El rey  le respondió: -Te juro por el Señor que no te pasará nada malo si me ayudas.- Evidentemente la mujer le creyó y se dispuso a realizar los rituales propios de invocación a los muertos.

Los rituales hechiceros de invocación a los muertos en los días del rey Saúl, se realizaron -más o menos- con estas prácticas:
  • Se realizaba en la noche.
  • El nigromante adivinaba el lugar para practicar el ritual, luego cavaban un hoyo en él con una herramienta que ellos hacían ver como supersticiosa.
  • Vertían pan, aceite y miel a la fosa cavada como una ofrenda a los muertos, vaciaban también sangre de animales, uno al que se le atribuían signos agoreros. La sangre era el conducto a través del cual el espíritu escuchaba la invocación de su nombre. Nigromante y cliente participaban de la ofrenda ingiriendo parte de los alimentos y de la sangre con los que realizaban el ritual, pensando que así establecían amistad con los espíritus al cenar “juntos”, quienes aceptando la ofrenda se unían a los vivos para contarles acerca del futuro o responderles sus consultas o favores.[6]
  • Se entonaba un canto, exclusivo del ritual y se invocaba el nombre del difunto. Luego del canto y la invocación, el médium proporcionaba la comunicación entre cliente y espíritu invocado. 
  • Concluido el ritual tapaban de el hueco cavado en tierra, porque se creía que así impedían que los espíritus escaparan desde mundo de los muertos hacia el mundo de los vivos.[7]
El cronista que escribe los relatos en el libro de Samuel, oculta ante sus preciados lectores los detalles del ritual realizado por la bruja de Endor, bástanos tener una idea ritualista de las invocaciones a los muertos en un contexto del cercano oriente.
El ritual realizado por la bruja de Endor fue eficiente, poderoso: invocó a Samuel y éste atendió al llamado.

Cuando la nigromante vio al anciano, reaccionó con un grito de pánico porque esa visión no sólo la hizo comprender quién era el anciano muerto al que perturbaron, además identificó a su disfrazado cliente, su archienemigo: -¡eres Saúl!-
Y sigue gritando la dama de Endor: -¿Por qué me has engañado?»-
En ese momento de invocación, la médium “recibió un conocimiento sobrehumano que le permitió reconocer a Saúl bajo su disfraz.”[8] No sólo identifica la persona disfrazada, también su engaño.
El rey apacigua a la mujer y le exige información.
Ella se “tranquiliza” y le cuenta: -Veo dioses que salen de la tierra.-

El término “dioses” que usó la mujer, en hebreo es “elohim” que significa, por lo regular, “dios” o “dioses”. “En este texto parece significar “un ser procedente del mundo de los dioses”.[9]
Valga la pena aclarar, en este significado de elohim, que las creencias cananeas aseguraban la divinidad de los muertos.

La nigromante siguió hablando con Saúl para comunicarle lo que vio: -Veo un anciano. Viene cubierto con un manto.- Saúl relacionó con inmediatez la descripción del elohim que vio la bruja con el profeta Samuel, y se postró ante él, aunque no lo vio.
Realmente estuvo postrado ante la bruja.

Una vez el rey está a los pies de la mujer, la voz de la médium se hizo voz de profeta por medio de la cual habló Samuel a Saúl: -¿Por qué me molestas? ¿Por qué me haces venir?-
Este testimonio de comunicación entre un muerto y un rey vivo abre un abanico de sospechas: ¿poseyó el espíritu de Samuel a la médium? ¿Fue una ventriloquía? O ella escuchó la voz de Samuel y con su voz canalizó el mensaje a Saúl.[10] No lo sabemos. Lo que sí podemos asegurar es que la comunicación entre un muerto perturbado y un vivo temeroso por medio de una nigromante fue real.

-¿Por qué me molestas?- Es la pregunta que le hizo Samuel a Saúl. -Es que estoy muy angustiado- respondió el rey. -Los filisteos me están atacando y Dios se ha apartado de mí. Ya no me responde, ni por medio de profetas ni en sueños. Por eso te he llamado, para que me aconsejes lo que debo hacer.- Samuel responde al rey con estas crudas palabras: -Pues si el Señor ya se ha apartado de ti, y es tu enemigo, ¿para qué me preguntas a mí?-
Estas palabras de Samuel lograron que Saúl comprendiera por fin que su peor enemigo no era el pueblo filisteo, era Dios.

Ahora, este mensaje por medio de una bruja, ¿revela la palabra verdadera del dios Jehová?
Si el ritual fue brujería, ¿cómo es posible que haya palabra de Dios en un rito nigromante?

continuará...

©2019 Ed. Ramírez Suaza 



[1] J. Walton, V. Matthews & M. Chavalas. Comentario del contexto cultural de la Biblia. AT. El Paso, TX: Mundo Hispano (2004): 349
[2] Pablo Andiñach. El libro del Éxodo. Salamanca: Sígueme (2006): 421
[3] José Luis Sicre. Primer libro de Samuel. Barcelona: Herder (1997): 181
[4] David Jobling. Berit Olam: 1 Samuel. Collegeville, MN: The Liturgical Press, (1998): 186.
[5] La palabra en hebreo es nä´, partícula volitiva, para expresar el deseo o añadirle énfasis. Suele traducirse por “te ruego”, “por favor”. L. Alonso Schökel. Diccionario bíblico hebreo-español. Madrid: Trotta (1994): 471
Esta palabra nä´, es una partícula deprecativa (dirigir un ruego o súplica ferviente), que a veces enfatiza una urgencia: ¡ya, por favor! Cuando se emplea abusivamente no puede traducirse. Paul Joüon & Takamitsu Muraoka. Gramática del hebreo bíblico. Estella: Verbo Divino (2009): 363
[6] Pamela Tamarkin Reis. “Eating The Blood: Saul And The Witch Of Endor”. Journal for the Study of the Old Testament. Volume: 22 issue: 73, page(s): 3-23. https://doi.org/10.1177/030908929702207301
[7]J. Walton. V. Matthews & M. Chavalas. Comentario del contexto cultural del AT. El Paso: Mundo Hispano (2004): 349
[8] N.T. Wright. La resurrección del Hijo de Dios. Estella (Navarra): Verbo Divino (2008): 137
[9] Ibid.
[10] J. Kabamba Kiboko. “Divination in 1 Samuel 28 and Beyond: An African Study in the Politics of Translation”. Electronic Theses and Dissertations (2010): 361. A Dissertation Presented to the Faculty of The University of Denver and the Iliff School of Theology Joint PhD Program. https://digitalcommons.du.edu/etd/846

viernes, 18 de enero de 2019

SOLEDAD


Existe la soledad que expresa el dolor de estar solo
y la soledad que expresa la gloria de estar a solas.
Paul Tillich

Soledad.
Ella tiene cara amable y maquiavélica.
Ella es dulce y cruel.
Ella es amada y odiada.
Indomable.

Quizá, y sólo quizá, hemos intentado controlarla a lo largo de nuestra existencia sin alcanzar algún beneficio común para nuestra humanidad.

La soledad nos sigue a cada paso que damos, en el asfalto y en la suciedad del aire que suele respirarse en las grandes ciudades; vagabundea en el sonido estridente de cláxones irritados, de gritos de ambulantes o de balbuceos irreconocibles, inclusive en el silencio de las palabras que no decimos; deambula a nuestro lado en el asiento contiguo del autobús o del metro; yace en las conversaciones intrascendentes, en lecturas forzadas o en las cuasi voces de los Rolling Stones o de Lady Gaga anquilosadas en los reproductores de MP3.[1]

La soledad nos acompaña.

¿Qué es la soledad?
En unas realidades donde el lenguaje se diluye en comunicaciones subjetivas, se precisa cierta determinación para plantear -por no decir recuperar- el significado de las maravillas que conocemos como palabras. En este orden de ideas se puede afirmar que, soledad es “carencia de compañía.”[2] A veces ella es apetecida; similar a un exilio voluntario que sale al encuentro y al redescubrimiento de sí mismo, como por ejemplo Jesús nazareno cuando fue al desierto, entre otras, para estar solo y reconocerse en la definición de Dios Padre, quien recién había dicho: “este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia” (Mateo 3.13- 4.11).

Otras soledades son involuntarias, como lo es el abandono.
Los abandonos sufridos en las existencias latinoamericanas son dolorosos, preocupantes, inmensos… gestantes de unos peligros crueles que comprometen la integridad de quienes lo padecen. Y es, precisamente, en condiciones así que el corazón humano se convierte en una fuente de desolación y angustia,[3] en un “caldo de cultivo” donde cada quien alimenta lo que puede, lo que quiere o lo que no quiere.

“A quien está solo o es un solitario suele llamársele “alma en pena” …o bien, se dice que está desamparado, huérfano o abandonado. Y no es de extrañar, incluso, que a la soledad se le atribuya un rasgo patológico. Más que un estar, es un padecer del alma.”[4]

Un riesgo percibido a causa de estas soledades es que conduce al ser humano hacia los menosprecios por la vida personal, por la del prójimo y consecuentemente por la de Dios; “en los momentos de soledad constatamos cuán extraños somos unos a otros, cuán alejada está la vida de la vida.”[5]
Desde esta perspectiva, la soledad es tragedia.

En su expresión más pura del caos, la soledad es ausencia de Dios.  Los testigos de la ausencia de Dios son muchos, algunos conscientes de ello, otros no. Quienes tienen conciencia, o el sentimiento, de esta ausencia experimentan una angustia profunda que los hace exclamarla, lamentarla y reprocharla, algo así como: -Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos, y no vienes a salvarme? ¿Por qué no atiendes mi clamor? Dios mío, te llamo de día, y no me respondes; te llamo de noche, y no hallo reposo- (Salmo 22.1-2). O así: -Como ciervo que brama por las corrientes de agua, así mi alma clama por ti, mi Dios… pues a todas horas me preguntan: «¿Dónde está tu Dios?» Pienso en esto, y se me parte el alma- (Salmo 42.1-4). 
¡Eso es!
Una soledad que parte el alma.

Estas sensaciones de abandono divino mantienen en muchos el deseo intacto por Dios; deseo que lo hace real, experiencia cristiana y cura para las soledades del alma viva.
El Dios revelado en la biblia oye, atiende, se acerca, escucha, cura el ser. No es indiferente a la soledad humana, de hecho, la identifica y auxilia (Génesis 1-2).
Él disfruta la “soledad que es a solas”, pues en ella su misterio divino se hace palpable a quien le busca con anhelo puro, es más, le brinda esta vivificante promesa: -Búsquenme a mí, el Señor, y vivirán- (Amós 5.6).

Las experiencias de abandono que generan crueles soledades, encuentran cura en el amor de los demás. La experiencia a “solas con Dios” capacita al humano para darse en compañía amorosa a sus prójimos. La cura para la soledad de muchos está en ti. Está en mí.
Estar a solas “nos derrite esa espesa capa de pudor que nos aísla a los unos de los otros; a solas con Dios nos encontramos; y al encontrarnos encontramos en nosotros a todos nuestros hermanos en soledad.[6] Encuentros de esta hermosa naturaleza, conducen a encuentros curativos de otras soledades.

©2019 Ed. Ramírez Suaza 


[1] Miguel Arturo Mejía-Martínez. “Fanny Rabel. Pintar la soledad.” La Colmena, no. 88, 2015, pp. 93-99. Editorial Universidad Autónoma del Estado de México.
[2] Sin referencia de autor. “Apuntes sobre la soledad no querida”.
http://www.caritasvitoria.org/datos/documentos/Apuntes%20sobre%20la%20soledad%20no%20querida.pdf
[3] Frank Furedi. “La soledad.” [en línea]: http://triangulando.net/la-soledad/
[4] Javier Rico Moreno. 2014. "Hacia una historia de la soledad". Historia y Grafía (42) enero- junio: 35-63
[5] Juan Antonio Marcos. “Más allá de Lutero. (Paul Tillich, un protestante consciente)”. Revista de espiritualidad, ISSN 0034-8147, Nº. 304, 2017. p. 369-393
[6] Waldo Ross. "La soledad en la ontología de Miguel de Unamuno." Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno [En línea], 24 (1976): 53-60. Web. 17 ene. 2019, p.58


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